Sitio oficial de la Abadia del Tepeyac
Los ancianos contaban que un día regalaron a los hermanos de Scitia unos pocos higos. Y como eran tan pocos, no le enviaron nada al abad Arsenio, para que no lo tomase como ofensa. El abad Arsenio lo supo, y no acudió, según la costumbre, a la asamblea de los hermanos, diciendo: «Me habéis excomulgado al no darme nada del regalo que el Señor ha enviado a los hermanos, del cual no fui digno de participar». Al oírle se edificaron todos de la humildad del anciano. Vino el sacerdote y le llevó algunos higos y le acompañó a la reunión rebosante de alegría.